Transitioning
Community building

Remando juntos: lo que aprendimos del liderazgo colectivo en medio de una gran incertidumbre

Entre mayo y septiembre de 2025, un grupo de voluntarios de la comunidad de Reimagine Peace sostuvo ese espacio colectivo durante un momento de transición e incertidumbre. Esta es una reflexión sobre lo que intentamos y lo que aprendimos del liderazgo colectivo en esta fase.

9 Jul
,
2026

Estamos un poco desorientados ahora mismo, y creo que hay valor en nombrar dónde estamos.Cuando uno está desorientado, ya sea en una caminata o en medio de un viaje, creo que hay dos cosas que uno sabe que tiene que hacer. Primero, tiene que mirar su brújula o su estrella del norte. Y luego, debe mirar a su alrededor(...) Mi propuesta es… tomémonos un tiempo para reorientarnos de estas dos formas, revisando cuál es nuestra lectura del campo de la construcción de paz, y cuáles son nuestras aspiraciones, nuestras ideas, ¿dónde está nuestra energía? Creo que esto también permitirá que nuestras ideas tengan una especie de “tienda de acampar” común.

Marc Batac, Reunióncomunitaria de Reimagine, 21 de mayo

¿Qué hacer en momentos de incertidumbre o de saltos al vacío? En abril de 2025, Reimagine Peace llegó a tal momento. Llegamos al borde de un abismo sin saber qué caminos se podrían abrir, si había puentes para atravesarlo o si su profundidad era mínima y podríamos simplemente descender y caminarlo. Estábamos en el no saber absoluto, en ese vacío que puede darle espacio tanto a las posibilidades infinitas de reimaginar como a los miedos que traíamos. Ciertamente, la mentalidad fija y decrecimiento a la que nos ha acostumbrado el sistema tradicional por proyectos estaba lejos de prepararnos para momentos como este.

Hasta entonces y desde 2022, Reimagine había tenido iniciativas de liderazgo colectivo acompañadas de un grupo anfitrión, o de grupos de personas de la comunidad que formalmente lideraban el camino. Los grupos recibían honorarios por su servicio y el último fue el llamado “Grupo de Transición”, nombrado por la comunidad a finales de 2024. Sin embargo, sus propuestas de gobernanza para definir la siguiente fase no fueron endorsadas por los miembros de la comunidad. De hecho, yo fui una de las personas que no se sentía segura de intentarlas. Fue un momento difícil para todos. Habíamos imaginado esta transición de una manera muy diferente y entendíamos también que no respaldar las propuestas entrañaba el riesgo del vacío, la incertidumbre y las miles de opciones —tanto negativas como positivas— que se abrían.

Junto con Laura Vargas de Colombia y Raúl Maza de México sentimos el llamado de sostener, de manera voluntaria, ese momento y hacer algo para integrarlo con presencia, cuidado y reflexión.Pronto, Marc Batac de Filipinas y Aung Thant de Myanmar se unieron a este pulso y juntos presentamos una propuesta a la comunidad para facilitar siete sesiones virtuales de julio a septiembre.

Nos llamamos los “Drumbeaters” (los Tamborileros) porque decidimos tocar y remar juntos en este barco sin aparente dirección. Como lo dijimos en nuestra presentación inicial: “no tenemos aún del todo claro al ‘capitán’, pero tenemos la certeza de que el capitán no es la única forma de liderazgo en un barco.”

Lo que hicimos

Co-diseñamos un proceso de facilitación basándonos en la siguiente hipótesis:

SI tenemos una visión más clara y compartida de nuestra “tienda de acampar común”, basada en una comprensión más concreta del trabajo en construcción de la paz y de activismo que hacemos, así como las motivaciones, los retos y los contextos de cada persona; y

SI tenemos una idea más clara de las capacidades y los compromisos existentes de los miembros de la comunidad,

ENTONCES… podremos emprender una acción colectiva significativa como comunidad.

 

Por ello, propusimos un proceso de tres pasos con preguntas que nos llevaban a explorar la hipótesis formulada:

•     Nombrar los desafíos comunes: ¿Qué desafíos enfrentamos como activistas y constructores de paz, y cómo están vinculados al sistema? ¿Qué es lo que falla y resulta perjudicial en el sistema o el status quo de la construcción de paz? ¿Por qué tenemos que reimaginarlo?

•     Nombrar dónde estamos en el sistema: ¿Dónde estamos en el sistema? ¿Qué podemos cambiar o en dónde podemos influir, dada nuestra posicionalidad respecto a este sistema?

•     Nombrarlo que está emergiendo:Después de este recorrido, ¿hacia qué ideas se inclina mi energía? ¿Qué preguntas y curiosidades me inspiran?

Es importante aclarar que somos alrededor de 23 miembros en Reimagine Peace y que hasta ese momento no conocíamos en detalle el trabajo que cada persona había venido desarrollando en sus países o regiones en torno a la justicia social, los derechos humanos y la paz. Cuando Adriana Santamaría y Elise Ford decidieron fundar Reimagine Peace como un espacio para acompañar a constructores de paz y activistas locales de diferentes partes del mundo a reimaginar el sistema a través de la acción colectiva y la estrategia emergente, convocaron a personas de cuatro continentes que compartían este anhelo. No obstante, la mayoría no se conocían anteriormente. Y aunque veníamos reuniéndonos como comunidad desde 2022 (algunos incluso desde 2020), realmente no conocíamos la profundidad y el alcance de lo que hacía cada persona localmente. De ahí la importancia de hacer visible nuestro impacto translocal para llegar a una visión colectiva más orgánica.

También distribuimos la responsabilidad de facilitación entre otros miembros de la comunidad, sesión a sesión, pues varios de quienes iniciamos el “Grupo de los Tamborileros” no podíamos facilitar las siete sesiones de julio a septiembre. Yo, de hecho, me convertí en mamá a través de la adopción en agosto. Así, diferentes personas dieron un paso al frente según su energía y disponibilidad: Vesna Bajšanski-Agić de Bosnia-Herzegovina, Alba Purroy de Venezuela y Ching-Yin Yeung de Hong Kong.

Fue la primera vez que intentábamos un proceso completamente voluntario en la comunidad, sin honorarios de por medio, y eso, de facto, marcó una dinámica distinta y una forma de estar en el espacio. Apostar por el voluntariado fue, en sí mismo, un experimento: una invitación a preguntarnos qué emerge cuando la presencia no está condicionada por un contrato, sino sostenida únicamente por el deseo de estar. Lo anterior, paradójicamente, construyó un sentido mayor de comunidad y, también, dejó al descubierto las limitaciones y asimetrías que una estructura sin compensación inevitablemente reproduce en un contexto translocal.

Lo que emergió

Para agosto, quince miembros de la comunidad habían diligenciado el formato que diseñamos para que el resto conociéramos la iniciativa más significativa en materia de construcción de la paz que habían vivido, así como los desafíos que habían enfrentado relacionados con el sistema. Por supuesto, también presentaron este contenido en las llamadas comunitarias que facilitamos. Escucharlos y leerlos fue conmovedor e impactante por las resonancias y la admiración mutua que comenzamos a sentir.

A través de diferentes países, sectores y enfoques, algunos patrones fueron emergiendo: el agotamiento del financiamiento por proyectos que premia la velocidad sobre la profundidad; la construcción de paz vista como intervención desde afuera y por expertos; la polarización creciente acompañada de desconfianza, fragmentación y estigmatización; y el burnout y la desesperanza que surgen de intentar construir paz dentro de sistemas re-traumatizantes.

Utilizamos herramientas de inteligencia artificial (IA) para sintetizar estas reflexiones y las devolvimos a la comunidad en un ejercicio de priorización participativa. Tres desafíos fueron seleccionados cuando les preguntamos a las personas qué tan cercano se sentían de cada uno: primero, la polarización; segundo, la proyectización y la competencia entre organizaciones; y tercero, la construcción de paz como práctica impulsada externamente y liderada por expertos. Fue muy valioso llegara ellos de manera colectiva, a través de nuestras propias historias y vivencias, y fue muy interesante ver cómo, desde esta construcción participativa, la polarización comenzó a ocupar un espacio importante como desafío translocal que antes no había ocupado en nuestras conversaciones.

Para septiembre, un mapa más rico de ideas comenzó a tomar forma en torno al tercer paso: “¿Hacia qué ideas se inclina mi energía? ¿Qué preguntas y curiosidades me llenan de inspiración?”.Algunas de las que emergieron fueron el diálogo, la escucha y las narrativas de humanización para abordar la polarización; preguntas en torno al rol de la IA en este contexto; iniciativas para incluir el espíritu de experimentación, en vez de proyectos, en la construcción de paz; y un hilo recurrente sobre la salud mental y la necesidad de un retiro o una suerte de santuario para quienes construyen paz y son activistas. Al finalizar, siento que terminamos con un paisaje vivo de energía y posibilidades que, hasta ahora, no hemos vuelto a visitar.

Mirando hacia atrás, vale la pena nombrar con honestidad algunos patrones: las conversaciones más vivas siempre fueron las más personales y humanas, las que partían de nuestras propias historias en lugar de marcos o preguntas de gobernanza. La participación y la carga del trabajo no estuvieron distribuidas uniformemente, y esa asimetría—moldeada también por diferencias de disponibilidad y contextos socioeconómicos— es algo que nos quedó por digerir y conversar abiertamente.

El ciclo terminó sin un acuerdo formal sobre prioridades y sin una transición clara sobre lo que vendría después de nuestro mandato como “Drumbeaters”. Afortunadamente, Lina Ibáñez de Colombia propuso facilitar una serie de conversaciones que fueron la continuación de este proceso y profundizaron en algunos de los temas y preocupaciones que emergieron.

Siete aprendizajes para ciclos futuros

Los siguientes aprendizajes fueron cosechados desde los patrones que identifiqué a lo largo de este ciclo. Son puntos de partida prácticos, más no prescripciones, que pueden considerarse al momento de diseñar procesos y actividades futuras.

•     La importancia de la dimensión relacional de nuestra comunidad: Vale la pena siempre dedicar energía y atención a fortalecer la red de relaciones que nos une, y de manera paralela, enfocarnos en temas como la estrategia o en el diseño de gobernanza. Las relaciones no son el telón de fondo del trabajo, son parte del trabajo mismo.

•     Construir un lenguaje común: Antes de idear o decidir, es clave tomarse un tiempo para explorar y darle sentido de manera colectiva a los conceptos que estamos discutiendo. ¿Qué entendemos por experimento? ¿Qué entendemos por liderazgo colectivo? ¿Qué nos imaginamos cuando hablamos de una “tienda de acampar común”? Sin este paso, corremos el riesgo de estar de acuerdo en las palabras pero no en las ideas.

•     Diseñar para que el voluntariado de ciertos procesos sea sostenible: Esta fase nos mostró que como colectivo podemos adelantar ciertos procesos de manera voluntaria. Es pertinente abrir conversaciones sobre qué puede seguir siendo voluntario, qué merece compensación y cómo las diferencias socioeconómicas determinan quién puede dar qué —conversaciones que, si no se nombran, se vuelven invisibles pero no desaparecen.

•     Tratar la interconexión de los desafíos como un principio de diseño: Después de ver los temas que emergieron y las interconexiones entre ellos, entre nuestros trabajos y enfoques, es probable que en nuestra comunidad surjan experimentos que aborden múltiples dimensiones a la vez, que conecten, por ejemplo, polarización, trauma y artivismo. Lejos de ser una complicación, eso es precisamente lo que tiene mayor probabilidad de reimaginar y cambiar el sistema.

•     Hacer visible el poder de la comunidad para nosotros mismos: Me sorprendió la brecha que surgió en uno de los ejercicios: la agencia que percibimos tener es mínima, a pesar del alcance real de nuestro trabajo en diferentes latitudes. Rituales regulares —una actualización breve al inicio de cada llamada, un mapa vivo en Miro— pueden ayudar a cerrar esa distancia. La visibilidad colectiva es clave para construir nuestra visión colectiva, y cada vez cobra más fuerza la idea de crear “islas de coherencia” —Prigogine, Teoría U— para catalizar el cambio sistémico desde comunidades como la nuestra.

•     Distinguir ‘aún no decidir’ de ‘no decidir’: La comunidad a veces necesita más tiempo e información antes de tomar decisiones, y honrar esa necesidad es legítimo y respetuoso—especialmente en temas de operaciones y manejo de recursos. Sin embargo, aplazar indefinidamente puede convertirse en un patrón que impide avanzar. Vale la pena que en ciclos futuros distingamos entre “no decidamos aún” —con un cronograma claro y condiciones para retomar— y “no podemos decidir” como estado indefinido.

•     Diseñar explícitamente la transferencia: Cada ciclo o experimento debería contemplar acciones concretas de cierre y transición. El momento de finalización no solo debe cosechar aprendizajes y hacer un balance de lo recorrido, sino también tender un puente activo hacia lo que viene —con acuerdos claros sobre quién sostiene qué en el siguiente tramo.

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El análisis completo —incluyendo la cronología narrativa del proceso de facilitación, aprendizajes y tensiones de cada paso, temas transversales y el razonamiento detallado detrás de cada aprendizaje— está disponible en el documento Drumbeaters Facilitation Journey.